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Las sociedades del conocimiento están basadas en una economía cuyo sustento se basa en la generación y el aprovechamiento del conocimiento para el incremento de la productividad y la competitividad por medio de la innovación y el progreso tecnológico. Esto debido a los cambios en los mercados globales debido a la penetración del uso de las TICS en todos los sectores económicos.

De ahí que una de las grandes alternativas para apoyar el incremento de la productividad y la competitividad ha sido recurrir a las aglomeraciones industriales con el fin de mantener crecimientos sostenidos y asegurar una posición en el mercado global, evidenciándose en los últimos años una proliferación sostenida de este tipo de agrupaciones a nivel mundial.

Un estudio realizado por Michael Porter (Porter, 1998), en el cual propone la teoría acerca de la nueva competitividad y su relación con la proliferación de agrupaciones industriales a nivel mundial como casos exitosos de internacionalización:

“Señala que las empresas en relación estrecha unas con otras y a su vez, con un conjunto de instituciones que les apoyen, son frecuentemente más competitivas que las empresas que actúan de forma aislada, concluyendo que éste fenómeno se debe, tanto a la competencia existente, como a los beneficios ocasionados por las relaciones de cooperación que se desarrollan gracias a la aglomeración” (Porter, 1998).

Porter, define este tipo de agrupaciones industriales o empresariales como: “concentraciones geográficas de empresas interconectadas, suministradores especializados, proveedores de servicios, universidades, institutos de normalización, asociaciones comerciales, que compiten pero que también cooperan”. Este concepto de aglomeraciones o agrupaciones industriales dio paso al concepto de clusters.

Los clusters pueden ser un grupo, geográficamente próximo, de empresas interconectadas entre sí e instituciones asociadas en un campo particular y ligadas por externalidades de varios tipos (Porter, 1998). Uno de los grandes beneficios de este tipo de aglomeraciones industriales se deriva de su contribución a la mejora de las ventajas competitivas de las empresas que lo forman, lo que contribuiría, a su vez, a la mejora de la competitividad de la zona o región donde este se encuentre.

Teniendo en cuenta los factores gracias a los cuales se produciría dicha o dichas mejoras o ventajas competitivas, se pueden señalar tres beneficios principales:

  1. Incremento de la productividad: Este incremento se produce como resultado de la especialización, de la complementariedad entre las actividades de las empresas participantes y del incremento del poder de negociación de las empresas, que reduce de forma importante los costos de transacción.
  2. Promoción de la innovación: Como consecuencia de una mayor capacidad para captar nuevas necesidades de los clientes y nuevas posibilidades tecnológicas, comerciales y/o productivas mediante la investigación en conjunto.
  3. Surgimiento de nuevas empresas: Gracias a la reducción del riesgo y las barreras de entrada junto con la presencia de relaciones consolidadas y clientes potenciales para las nuevas empresas (Sölvell, 2008).

En la siguiente gráfica podemos observar el desempeño de México desde el 2011 hasta el 2016, con la información del “The Global Innovation Index”, que publica el WIPO en colaboración con la Cornell University en donde se emite una calificación respecto del Nivel de desarrollo de los clusters. Como se puede apreciar este indicador ha evolucionado favorablemente ya que en el 2011 se encontraba posicionado en el lugar 54 y en el 2014 se ubicaba en el lugar 33, es decir, en 4 años se avanzaron 21 lugares, luego hay un pequeño retroceso que se corrigen en el reporte del 2016.

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